Quieres hacer una desinfección profunda y no tienes muy claro si es mejor usar lejía o amoníaco. ¿Cuál deberías elegir? Estos son dos productos muy utilizados en la limpieza general del hogar o de cualquier espacio. Es absolutamente normal tener dudas sobre en qué contextos usar cada uno para poder hacer una higiene perfecta.

Si bien hay ambientes y ocasiones en los que pueden utilizarse los dos, no siempre son recomendados para usar en los mismos elementos. Esto se debe a que tienen propiedades muy distintas.

Por ejemplo, ambos son útiles para el baño. No obstante, el amoníaco se usa para quitar el sarro del inodoro y la lejía para su limpieza completa, ya que es sumamente eficaz para eliminar todo tipo de gérmenes y bacterias.

En definitiva, se trata de compuestos diferentes. Por ello, es imprescindible conocer en qué situaciones usar cada uno para realizar una óptima higiene en cada momento. Por esta razón, en este artículo te vamos a explicar cuándo utilizar lejía o amoníaco para desinfectar y limpiar de la mejor manera.

¿Cuándo limpiar con lejía?

La lejía es un compuesto extremadamente eficaz para eliminar todo tipo de gérmenes y bacterias. Esta cualidad hace que sea recomendable para utilizar en la limpieza del inodoro, fregadero y, en general, en elementos en los que se necesita una desinfección profunda.

Además, de su acción desinfectante, la lejía consigue quitar cualquier resto de suciedad. Incluso las manchas amarillas que suelen ser más difíciles de limpiar.

También es aconsejable su uso en la cocina, excepto sobre madera. Así como en el interior de electrodomésticos. Por ejemplo, es el mejor desinfectante para los cajones de la nevera. Eso sí, en estos casos, como puede entrar en contacto con alimentos, te recomendamos usar una cantidad muy reducida del producto. Posteriormente, aclara con agua para eliminar el exceso de lejía y evitar intoxicaciones.

Por otro lado, es altamente recomendable su uso en azulejos con excesiva humedad. Y es que la lejía es un excelente aliado para que el ambiente recobre un óptimo aspecto.

Por último, este compuesto es útil también para la limpieza y desinfección de lavabos, griferías e interiores armarios.

¿Cuándo limpiar con amoníaco?

El amoníaco es un compuesto que destaca por tener un gran poder desengrasante. Por este motivo resulta muy útil para la limpieza y desinfección de zonas en las que se suele acumular mucha grasa.

Por ejemplo, puedes utilizarlo en ollas, sartenes y demás instrumentos de la cocina que se ensucian a diario con grasa.

También es un compuesto recomendable para la limpieza de lugares en los que se suele acumular humedad, como por ejemplo las ventanas.

El amoníaco resulta una excelente opción para usar en el baño. En concreto para eliminar restos de jabón, quitar el sarro del inodoro e incluso para higienizar tuberías.

Cabe destacar que es un compuesto bastante alcalino. Esta característica hace que no sea un producto aconsejable para usar en superficies delicadas, puesto que puede resultar extremadamente agresivo.

¿Se puede mezclar la lejía y el amoníaco?

Aunque la lejía y el amoníaco son excelentes para la limpieza e higiene del hogar, evita mezclar ambos productos. En caso de hacerlo, se producirá una reacción química que genera un gas llamado cloramina (Nh2ci), el cual resulta extremadamente tóxico.

Además, si este compuesto entra en contacto con las mucosas, se descompone y se produce ácido clorhídrico. Un ácido altamente corrosivo y tóxico. En otras palabras, la cloramina provoca la corrosión de las mucosas y, en consecuencia, graves quemaduras en la piel.

De hecho, debes saber que la lejía nunca debe mezclarse con otros compuestos o productos de limpieza (a excepción del agua). Esta puede producir reacciones químicas muy peligrosas, cuyo contacto con el organismo puede traer severas consecuencias

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